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Cómo hablar de seguros sin sonar “vendedor”

Hablar de seguros puede sentirse como caminar en una cuerda floja: por un lado, quieres transmitir la importancia de contar con protección financiera, y por el otro, no quieres incomodar a tu cliente ni parecer alguien que solo busca una comisión.


Muchos agentes enfrentan este dilema a diario. ¿La solución? Cambiar el enfoque: dejar de vender y empezar a conectar. Aquí te compartimos cómo lograrlo.


Entiende por qué la gente desconfía


Antes de mejorar tu forma de hablar, necesitas conocer el terreno en el que estás pisando. Muchas personas llegan a una conversación sobre seguros con cierta resistencia, incluso si nunca han comprado uno.

Antes de hablar escucha a tus clientes.
Antes de hablar escucha a tus clientes.

  1. Historial de malas prácticas en el sector

Llamadas insistentes, promesas poco claras y contratos engañosos han dejado una mala reputación en muchos casos.

  1. Falta de educación financiera

Al no entender del todo cómo funcionan los seguros, muchos clientes se sienten inseguros y eso genera desconfianza.

  1. Lenguaje técnico que aleja

Cuando la conversación se vuelve complicada, el cliente desconecta. Lo desconocido genera duda, y la duda paraliza.

  1. Sensación de urgencia mal manejada

Frases como “es ahora o nunca” pueden parecer presión. El exceso de urgencia puede jugar en contra, aunque el producto sea útil.


Cambia el foco: de vender a ayudar

Cambiar el foco es clave en el proceso de ventas
Cambiar el foco es clave en el proceso de ventas

La diferencia entre un vendedor y un asesor está en la intención. Uno quiere cerrar una venta, el otro quiere resolver un problema.


  1. Escucha antes de hablar

No asumas lo que necesita el cliente. Pregunta, escucha activamente y toma nota de sus verdaderas preocupaciones.

  1. Habla desde el problema, no desde el producto

En lugar de centrarte en las características de la póliza, habla de cómo esa póliza responde a una situación concreta del cliente.

  1. Educa sin abrumar

Explica con calma, usando ejemplos claros y evitando términos complejos. Educar es generar confianza.


Usa un lenguaje claro y conversacional

Hablar de seguros no tiene por qué ser complicado. Lo técnico puedes dominarlo tú, pero al cliente le interesa cómo lo afecta y cómo lo protege.

Sustituye tecnicismo por ejemplos
Sustituye tecnicismo por ejemplos

  1. Sustituye tecnicismos por ejemplos

Comparar un seguro con situaciones cotidianas facilita el entendimiento. Por ejemplo, “tener un seguro es como tener un plan B que te espera en caso de emergencia”.

  1. Sé directo y empático

No des rodeos, pero tampoco fuerces. Sé claro, sincero y siempre abierto a resolver dudas.

  1. Adapta tu tono a cada cliente

Un joven profesionista y un padre de familia tienen prioridades diferentes. Ajusta tu enfoque según quién te escucha.


Muestra casos reales, no promesas


Los hechos conectan más que los argumentos. Hablar de experiencias concretas da credibilidad.

  1. Comparte testimonios

Puedes contar historias reales (sin nombres) donde el seguro haya marcado una diferencia positiva en la vida del cliente.

  1. Habla de aprendizajes

Incluso los clientes que rechazaron un seguro y luego lo necesitaron pueden ser una enseñanza valiosa para tu audiencia.


El poder del seguimiento sin presión

Un buen seguimiento no se trata de insistir, sino de estar presente con valor.

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  1. Usa recordatorios empáticos

Un mensaje tipo “Estoy aquí si necesitas resolver alguna duda” genera más apertura que uno enfocado en cerrar.

  1. Aporta valor en cada contacto

No repitas lo mismo. Comparte información útil: cambios en regulaciones, nuevos beneficios, tips financieros, etc.

  1. Deja que el cliente marque el ritmo

No todos están listos al primer contacto. Respetar los tiempos del otro también es parte del proceso de venta.


Conclusión

Hablar de seguros sin parecer “vendedor” es una habilidad que se entrena. La clave está en cambiar el objetivo: no se trata de cerrar una venta, sino de abrir una conversación.


Cuando conectas desde la empatía, educas con claridad y das seguimiento con respeto, tu presencia se vuelve valiosa, no molesta. Y en ese momento, vender se vuelve una consecuencia natural, no una meta forzada.


En ART, acompañamos a asesores como tú a desarrollar todo su potencial, brindándote herramientas, formación continua y el respaldo de una empresa que cree en el poder de las buenas conversaciones. Conviértete en ese asesor que la gente confía antes de contratar. Acércate a nosotros y transforma tu manera de vender.

 
 
 

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